Panes y dulces austeros aguardan a los muertos en un Todos Santos diferente

La costumbre de antaño que se replica de generacion en generacion este año será diferente a causa de las restricciones impuestas por la panademia de coronavirus

Vencerá la tradición a la pandemia de Covid-19? Todo indica que este Todosantos sera diferente: Restricciones en los horarios de vistias a los cementerios, nada de aglomeraciones en los camposantos, ni en las ferias de panes, dulces y masitas. Los rezos? entre muy pocas personas, y las mesas? Con pocos elementos porque la crisis economica que fecta a los pobladores (-11.3% en el PIB) no permite adquirir a los dolientes la vasta variedad de ofrendas que usualmente empleaban para agasajar a sus muertos.

Delina Torrez, una mujer que enviudo hace tres a años quedándose con cuatro hijos pequeños dice «Cada año armé una mesa hermosa, con todo lo que le gustaba a mi marido: Chanchito al horno, cerveza, chocolates, panes dulces, (…) al menos 200 productos llenaba en su altar. Este año no va a dar más que para agua, unas tantawuawas y flores en mi mastaku» -solloza-.

Le pelicula de Coco, de Disney inspira la elaboracion de dulces con sus personajes

El 1 y 2 de noviembre se celebra en Bolivia la fiesta de «Todos los Santos». A diferencia de otras naciones que también conmemoran esta fecha, la festividad en nuestro país implica rituales particulares que fusionan las tradiciones de los pueblos originarios con la cultura religiosa traída por los españoles a nuestro continente.

En la cosmovisión andina la muerte no existe, y es entendida como una transición, porque la vida es eterna. Antiguamente las comunidades indígenas de Bolivia han celebrado una vez al año la fiesta de los muertos para recordar y compartir con los ajayus o almas de los seres queridos que partieron del mundo terrenal.

Con la llegada de los españoles al continente, la iglesia católica fusionó este ritual con la fiesta de «Todos los Santos» y, pese a adaptar su nombre, conservó importantes raíces latinoamericanas que hacen de la conmemoración boliviana una de las más ricas en aspectos culturales de la región.

Esta celebración tiene la capacidad de reunir a  familias enteras en torno a los cementerios a partir de las doce del día del 1 de noviembre, en donde preparan una mesa sobre la que extienden un mantel, además de flores, adornos y comidas que tienen un significado particular.

Más allá de recordar a nuestros difuntos, esta festividad debería servir para reflexionar y brindar la atención e importancia a nuestros seres querido cuando aún están con vida.

Recordemos que decenas de personas acudieron a los hornos para preparar las tradicionales masitas por Todos Santos. Tal como reza la tradición a medio día de este 1 de noviembre las familias arman las mesas con los elementos que más les gustaban a los difuntos.

Esta tradición parte de la idea de que la vida del alma es eterna y con la muerte del cuerpo solo concurre una transición entre una etapa y otra.

Elementos que no faltan en las mesas de difuntos

La escalera y el caballo son los panes nunca faltan en la mesa de Todos Santos. El pan en forma de escalera y caballo son los más usados para el armado de las mesas de Todos Santos. La costumbre local en esta jornada se hace para recibir a las “almas” de nuestros seres queridos, al mediodía de este 1 de noviembre; al dia siguiente se los despide, también a medio día.

Ambas figuras tienen una connotación de creencia criolla, se dice que la escalera es para que los difuntos bajen del cielo a la tierra y luego retornen; mientras que el caballo sirve para que lleven todas las masitas y comidas que sus familiares prepararon y colocaron en la mesa, según el relato de Eugenia Ávila, una panificadora de la Asociación de Panificadores Artesanales de Integración y Ramas Afines (APIARA).

Es importante colocar la comida favorita del difunto, donde no puede faltar el ají de arveja, según la tradición boliviana.

“El primero (de noviembre), nosotros recién ponemos la comida en la mesa y es el ají de arveja. Cada arvejita que comemos les ayudamos (a las almas) a liberarse de sus pecados. Ahora la escalera es para que suban y bajen, tenemos la caña que les sirve de palmera en el camino y la cebolla con tokoro también es para llevar agua”, explicó.

En la mesa no deben faltar las frutas, dulces y diversidad de masitas que le gustaba en vida a la persona que se recuerda.

“El suspiro, bizcochuelo, la cruz, la escalera, t’antawawas, el maicillo, los dulces en forma de gallitos para que canten y despierten a las almas y empiecen a llegar el día primero también deben colocarse”, afirmó la artesana.

Según la tradición, la mesa de Todos Santos se arma el 1 de noviembre. Las almas de los difuntos llegan a mediodía para estar con sus familias por 24 horas al días siguiente retornan al cielo con las masitas y comida que les prepararon. La mesa además tiene flores y velas para acompañar a los difuntos en su permanencia en la tierra.

Las ferias artesanales preservan el espíritu y muestran la renovación.“Son 18 años que impulsamos la Feria de Todos Santos para mantener viva esta tradición que fomenta la unión familiar. Hemos visto que con el auge de Halloween se está perdiendo y ahora tenemos que poner más esfuerzo en recuperarla y preservarla para que las futuras generaciones conozcan nuestras tradiciones y las practiquen”, señaló el dirigente de la Federación de Panificadores Artesanales de La Paz, Dandy Mallea.

Los siete panes: El pan es el elemento principal de la mesa. Con variadas formas, las masas simbolizan al difunto y a los seres y objetos que forman parte de su viaje después de la muerte. La escalera, la llama, la cruz, el sol y luna, el ataúd, la t’antawawa y el cóndor son los siete panes que no deben faltar en una mesa. Algunos se han perdido y otros con el paso del tiempo han cambiado.“Por ejemplo, las llamitas que «llevan la carga de las almitas» ahora se han vuelto caballos, carros o motocicletas, explica una de las vendedoras de la Feria de Todos Santos.

T’anta paloma: Otra figura que fue modificada, y que ahora es muy solicitada, es la t’anta paloma que representa al Espíritu Santo. Esta sería una modificación del cóndor, el ser que transportaba a los ajayus a la morada de los achachilas en lo alto de las montañas y los nevados. Esta es una manera de sincronismo cultural.

Pan con la forma de sol y luna, ambos superpuestos son otro elemento que se está perdiendo, según algunas feriantes. Casi siempre es remplazado o confundido con la corona. Sirve para que estos dos astros iluminen el camino de los viajeros durante el día y la noche.

La escalera: Es otro elemento importante que «sirve a las almas» para bajar del Alaxpacha (el mundo de arriba) al Akapacha (el mundo terrenal). Para los niños, las hacen de dulce y dicen que es para que los angelitos (como se les dice a los difuntos en la infancia) suban al cielo.“

Cruces: Como una muestra del sincretismo religioso las cruces de pan o de dulce representan los pecados del difunto cuando estaba vivo, además de la vida y la resurrección de Jesús. Pero también -dicen los feriantes- que es una representación de la Cruz del Sur, una constelación de gran importancia en la cosmovisión andina.

Cajon o almohada: El ataúd es representada con los bizcochuelos, pero a la vez también son la almohada en la que descansarán las almas en su largo viaje”, indicó Mallea.

T’antawawas: “El pan central es la t’antawawa. Es la que tiene la forma del difunto. Pueden ser hombres, mujeres, adultos mayores, jóvenes o bebés”, dijo Mallea. De acuerdo a los años de la partida del difunto, las t’antawawas que lo representen deben ser de mayores dimensiones. Las caretitas que se usan para ponerles un rostro deben parecerse al finado en sus facciones.

Las t’antawawas más grande

Como una forma de incentivar a la elaboración de panes, cada municipio organizaba la elaboracion de concursos sobre los panes con mayor tamaño

“Tenemos todas las masitas necesarias para que la gente pueda comprarlas. A diferencia de Halloween esta es una fiesta sin miedo ni terror, sino llena de unión familiar y alegría. Recibimos a nuestros seres queridos, compartimos con ellos y preparamos su plato favorito”, dicen los participantes en los puestos de venta en La Cancha.

En diferentes plazas de los pueblos bolivianos, las asociaciones de panificadores organizan ferias en las que ofertan al público una gran variedad de panes y masas horneadas, desde dulces hasta saladas. Y cada año, cada asociación arma una mesa en honor a las almas de sus afiliados o personalidades del pueblo que ya murieron.

Otros elementos

Según la tradición, el altar o mesa de difuntos debe estar lista al mediodía del 1 de noviembre. Debe permanecer armada por 24 horas.Además del pan, para cumplir esta larga travesía son imprescindibles el agua y la coca. Por ello, en la mesa se colocan un montón de la hoja y el “tokoro”, que son cebollas en flor que tienen las cabezas huecas para guardar el agua como en un cántaro.De acuerdo al gusto del difunto debe haber un plato de comida, una bebida, frutas y algunos manjares. Entre los ornamentos también se colocan cañas de azúcar, que dicen, sirven como bastones para las almas. Además se debe adornar con guirnaldas de colores hechas de polietileno, flores y velas

La chicha morada para aliviar la sedPara preparar esta bebida tradicional se precisa: seis libras de maíz morado (remojado en agua fría la noche anterior), una piña madura, una manzana, azúcar al gusto, 10 litros de agua, una rama de canela y 10 clavos de olor.En una olla grande, hay que poner a hervir el maíz en bastante agua. En otra hacer hervir la piña cortada en rodajas -con todo y cáscara- junto con la canela, el clavo de olor y la manzana partida en trozos. El tiempo de cocción puede ser unos 45 minutos. Los tonos oscuros serán una muestra de que están listos.Mezclar sólo el líquido y dejarlo enfriar. Poner azúcar al gusto antes de servir. Se puede aumentar el jugo de un limón.

Dulces bizcochuelos Para una masa esponjosa se precisa 30 huevos, dos libras de harina blanca, una y media libra de azúcar, una copa de singani y una cuchara de polvo de hornear. También se deben preparar unas pequeñas cajitas de papel.Lo primero batir las claras hasta que estén a punto nieve, de a poco aumentar las yemas. El azúcar y la harina -mezclada con el polvo de hornear- deben ser cernidos sobre los huevos con movimientos envolventes muy suaves, alternando con el singani.Para la cocción se debe colocar porciones de la maza en las cajitas de papel. En un horno a temperatura regular la cocción será de unos 15 minutos, deben quedar dorados.