Las mujeres cobran una media de Bs 557 menos por los mismos trabajos que realiza el hombre

En algunos rubros como el comercio la diferencia llega a los 1.500 bolivianos. La diferencia es mayor en las actividades económicas que requieren cualificación profesional como la sanidad o la educación.

Bolivia.- La brecha salarial existe y es uno de los principales factores que restan a la hora de lograr una verdadera equidad entre hombres y mujeres en Bolivia. En promedio y de acuerdo a los datos de la Encuesta de Hogares 2020 del Instituto Nacional de Estadística (INE), las mujeres cobran 557 bolivianos menos que los hombres en cualquier actividad económica, aunque en el detalle hay brechas mucho mayores.

Los datos corresponden al empleo en el sector privado, ya que en el sector público los empleos responden a la escala salarial acordada y no se discrimina a la hora del salario, aunque las activistas señalan que sí hay discriminación a la hora de asignar ascensos y cargos jerárquicos, donde los ejecutivos suelen considerar a más hombres que mujeres.

  • El salario promedio del sector privado en Bolivia es de bs 2.993.
  • Sin embargo, los hombres están por encima de esa media con un promedio de bs 3.204
  • Y las mujeres por debajo, con 2.648 bolivianos.
  • Es decir, bs 557 bolivianos de diferencia.

El sector con los salarios más bajos es el de la agricultura, ganadería y pesca, donde las remuneraciones de los hombres promedian 1.498 mientras que los de las mujeres apenas llegan a 709 bolivianos, sin embargo, las brechas son mayores en otros oficios tanto que requieren capacitación profesional como que no.

La brecha Los Directivos Públicos y Privados reciben en promedio salarios de 7.914 bolivianos, mientras que las mujeres se quedan en 6.780.

  • Por ejemplo, el salario promedio para los hombres que se dedican a la industria manufacturera es de 3.342 bolivianos, mientras que el de la mujer es de 2.014 bolivianos;
  • En la construcción el hombre llega a cobrar una media de 3.226 bolivianos por 2.747 que cobra la mujer.
  • En el comercio la brecha llega hasta los 1.500 bolivianos, mientras el promedio salarial de los hombres es de 4.071 bolivianos el de las mujeres es de 2.553 bolivianos. En este último caso señalan que se debe a la especialidad de los productos que se comercializan.

Entre los rubros sin necesidad de títulos profesionales donde se aprecian grandes brechas está el de servicios de alojamiento y comidas, donde los hombres que se dedican a ello declaran ganar 4.046 bolivianos de media, mientras que las mujeres se quedan en 2.638 bolivianos.

Entre los rubros con mayor cualificación profesional, las brechas son también amplias.

  • Por ejemplo, en Información y comunicaciones los varones declaran ganar de media 5.036 bolivianos por 3.205 de las mujeres.
  • En servicios de intermediación, los hombres declaran ganar 6.330 bolivianos mientras que las mujeres promedian 5.344 bolivianos
  • En Servicios profesionales y técnicos, los hombres declaran 4.643 mientras las mujeres declaran 3.844
  • En servicios de educación, los hombres declaran 5.309 bolivianos por 4.498 de las mujeres
  • Y en servicios de salud los hombres declaran 5.839 bolivianos y las mujeres 4.281.

Hay algún rubro favorable para las féminas?

  • Apenas hay tres rubros en el que las mujeres declaran ganar más que los hombres.
  • Uno es el del servicio del hogar, en el que la diferencia es mínima: 1.958 de los hombres por 1.964 de las mujeres
  • La administración pública, defensa y seguridad social, donde los hombres declaran de media 4.731 bolivianos y las mujeres 5.073.
  • Y el Transporte, donde los hombres declaran 3.199 y las mujeres 3.244.

Otras diferencias

La estadística del INE recoge también las diferencias salariales por grupo ocupacional. En ese sentido describe que la mayor diferencia se da en el nivel directivo, aunque la brecha se repite en todas y cada una de las categorías.

Así, los Directivos Públicos y Privados reciben en promedio salarios de 7.914 bolivianos, mientras que las mujeres se quedan en 6.780. Respecto a los profesionales, el salario medio de los varones es de 5.741 mientras que el de mujeres es de 4.890. Los Técnicos y profesionales de apoyo varones declaran recibir 4.235 bolivianos de remuneración y las mujeres 3.084.

En los niveles salariales más bajos, los operadores de instalaciones y maquinaria varones declaran 3.312 y las mujeres 2.333, mientras que los profesionales no calificados cobran 2.445 en promedio a nivel nacional y las mujeres 1.906.

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Techo de cristal y el sesgo de contratación, a debate

Dos profesionales, académicas y activistas como Mariel Paz y Karina Olarte advierten que más allá del dato duro que emana de la encuesta del INE, hay que ponderar los aspectos que llevan a esa desigualdad, y que tienen que ver con un sesgo de contratación que aplica la empresa privada y también de un “techo de cristal” sociocultural producto de años de sometimiento.

“Las mujeres están más orientadas al área de servicios que justamente son los empleos con menos remuneración. La brecha salarial de género no solo nos habla de menos ingresos para las mujeres, nos habla también de sesgos de contratación que valoran más al profesional varón a esto hay que añadir la crisis generada por la pandemia que afecta a las mujeres de varias maneras” señala Mariel Paz.

Por su parte, Karina Olarte señala que el dato hay que ponderarlo y relativizarlo, ya que con probabilidad tiene que ver con las horas de dedicación efectiva debido a que las mujeres dedican muchas horas a trabajos no remunerados.

“El dato duro es relativo, porque en muchos casos puede tener que ver con las horas de dedicación. La cuestión es dónde están ubicadas las mujeres dentro de la escala de responsabilidades. Suele estar en el nivel medio y el nivel obrero. Las mujeres se ubican muy bien en los cargos de rango medio y de ahí radica la diferencia salarial. Pero ¿Quién pone el techo de cristal? ¿Por qué no permite llegar a esos niveles altos? – señala Olarte – Las mujeres estamos con una fuerte actividad no remunerada, son a pulmón y no se visibiliza, pero existe.

Mariel Paz señala que “hay la necesidad de que la empresa privada se involucre en la lucha por la igualdad y que el Gobierno también lo haga, porque los cambios no se dan porque sí ni por voluntades espontáneas, por eso hace falta que se tomen medidas”.

En esa línea, Olarte indica que las políticas públicas “No solo debe aplicarse en el nivel laboral, sino que ahí se muestra, pero el desequilibrio se arrastra desde la familia y desde la escuela, necesitamos políticas de Estado que vayan hacia la formación secundaria que trabaje esa equidad y unas relaciones más equilibradas”.

Fuente: Elmira Lindo para El País y Somos Arena


Día de la mujer, equidad de género

Más que celebrar a la mujer, como una fiesta, es la ocasión para reflexionar sobre lo que implica ser mujer en un mundo en el cual, desde tiempos remotos, se la ha considerado como un objeto, un trofeo, una posesión que ha de usarse y de presumirse, cuya mayor habilidad radica en adaptarse a las condiciones adversas que doblegan su esencia, sus derechos y sus oportunidades.
A lo largo de la historia humana, la lucha por la equidad de género ha sido una constante. Es una batalla que se libra contra la violencia que se ejerce desde la retórica hasta la práctica. Se descalifica a la mujer por su sensibilidad, se le condena por pensar, se le doblega por exigir y, a pesar de los avances logrados hasta el siglo XXI, aún se le tortura por placer.
En los intentos por lograr la equidad de género, muchas mujeres se han masculinizado, dejando de lado su feminidad, mutilando su naturaleza en aras de alcanzar logros significativos. Otras más, abandonan sus aspiraciones para cumplir con expectativas sociales. Por otra parte, en esta lucha el hombre recibe el papel de victimario, cuando en realidad también está sujeto a las convencionalidades sociales, condicionándolo a no expresar sentimientos, a no hacer empatía con la mujer, a reproducir la violencia que aprendió como modo de interacción.
Este 8 de marzo  es una ocasión para cuestionar la dinámica que practicamos desde la familia, en la escuela, en los centros de trabajo, en las instituciones. Es un momento para romper los círculos viciosos que limitan las oportunidades para las mujeres, que colocan a los varones como adversarios, a fin de construir una nueva manera de interactuar, de edificar una sociedad funcional, incluyente, donde el género no sea el criterio definitorio para alcanzar beneficios y reconocimientos. Una sociedad que ofrezca la misma libertad y la misma responsabilidad al ser humano por sus aspiraciones, sus habilidades, su talento, su empeño y compromiso.