«Extraño mucho a mi mamá», historias de huérfanos, las víctimas olvidadas por el Gobierno y casi por todos

La familia de Mary Luz se quedó sin dinero ni trabajo. Edwin señala que tienen una deuda de más de Bs 20.000 que se prestaron para pagar las quimioterapias de su esposa

La Paz/Bolivia (ANF). – “Le rezo a mi mamita todos los días para que me cuide, ella era muy buena”, dice con tristeza Yerald de 9 años, un pequeño que perdió a su mamá hace un mes y medio a causa de un cáncer gástrico. No sonríe, su mirada está perdida, aunque intenta esbozar una risa de rato en rato, suspira fuerte y abraza a su hermano menor, Yojan de 5, que en tres días más cumplirá 6 años.

Ambos hermanitos se ponen a jugar con Venon, así nombraron a su mascota, un can que desde que partió su mamá “al cielo” los acompaña y distrae de la dolorosa ausencia. Corretean por el patio de tierra y piedras de la casa donde habitan en la zona Alto Lima, un barrio alejado de la urbe alteña. En ese lugar, los pequeños viven junto a su papá Edwin Mamani de 45 años, sus dos hermanos mayores Jhorell de 20 y Melisa de 17.

La familia migró de Santa Cruz a La Paz hace más de un año con la esperanza de hallar la cura para el cáncer gástrico que padecía Mary Luz Mendoza, mamá de los menores y pareja de Edwin. Dejaron todo en la capital oriental, amigos, familia, trabajo y hasta una vivienda que fue “rematada” para reunir el dinero que necesitaban para las quimioterapias. Llegaron llenos de esperanza, pero no imaginaron lo que el curso de la vida les tenía preparado durante su camino, en la batalla contra esa enfermedad.

La lucha contra el cáncer en Bolivia está llena de obstáculos; por un lado, los enfermos y sus familias se enfrentan a una burocracia en el sistema de salud que no les permite acceder de forma ágil a los tratamientos, y por otro la situación se agrava cuando el paciente es de escasos recursos y no puede reunir el dinero suficiente para iniciar los tratamientos costosos. Muchas veces, y con tal de salvar la vida del ser querido, se despojan de sus pocas pertenencias o recurren a préstamos de dinero para solventar los altos costos de las cirugías, análisis, sesiones de quimioterapia, medicamentos, entre otros.

“Mi mamá me ayudaba en las tareas y me sacaba buenas notas”, comenta orgulloso Yerald. Repite “mi mamá, mi mamá ya no está” y se le nublan los ojos. Su papá lo consuela con un abrazo, sus otros hermanos tampoco pueden contener la tristeza por la ausencia de Mary Luz que murió el pasado 22 de febrero en medio de la extrema pobreza, dejando a sus pequeños en la orfandad.

El futuro de Yeral y Yojan era lo que más preocupaba a Mary Luz y por eso se aferraba a la vida, dice Edwin. “¿Qué voy hacer?, no me quiero morir”, esas fueron las palabras que repetía hasta su último aliento. “Ha luchado harto, ella, mi esposa no se quería ir de este mundo”, afirma, mientras abraza a sus hijos en su pequeña sala de la vivienda que un vecino le cedió hasta fin de año, tiempo en el que debe desocupar el inmueble, esa es otra preocupación que se suma a la vida de la familia.

“No tengo trabajo, voy a la feria de El Alto y busco electrodomésticos a medio uso, los reparo y los vendo. Con eso estamos sobreviviendo”, cuenta Edwin y confiesa que a veces siente que ya no puede continuar por la pérdida de la mujer de su vida. “Teníamos 25 años de estar juntos, ella era mi primer amor, la única mujer de mi vida. La casa se siente vacía sin ella, todo es triste. A veces siento que ya no puedo más, pero ver a mis hijos me da fuerzas para seguir”, dice con lágrimas.

Cuenta que sus hijos sufren por la partida de su mamá, el dolor es más grande aún porque en La Paz no tienen familia. Con el inicio de las labores educativas, la situación se volvió más difícil por falta de materiales escolares, celulares para conectarse a las clases virtuales. Sin embargo, para su fortuna el colegio donde acuden decidió retornar a las clases semipresenciales.

La familia de Mary Luz se quedó sin dinero ni trabajo. Edwin señala que tienen una deuda de más de Bs 20.000 que se prestaron para pagar las quimioterapias de su esposa y ahora temen quedarse sin hogar porque el espacio que habitan debe ser desalojado a fin de año.

“Estoy en la extrema pobreza, tengo deudas, estoy sin casa, la que tenía en Santa Cruz la vendí para su cirugía y quimioterapias de mi esposa. Sé que trabajando voy a salir adelante, pero en estos tiempos de pandemia la situación es bien difícil. Sé hacer de todo, mi hijo también quiere trabajar. Yo voy a cuidar a mis wawas, ella (Mary Luz) sabía que iba ser así y no voy a defraudar su memoria”, remarca.

El Gobierno, a través del Ministerio de Salud no brinda ningún tipo de ayuda los huérfanos que deja el cáncer en Bolivia, tampoco existe un registro sobre la cantidad de las víctimas invisibles de esta enfermedad, pese a que la Asociación de Pacientes con Cáncer y Familiares de La Paz demandó al Programa de Lucha contra el Cáncer hacerse responsable de esta población.

Así lo confirma la secretaria de Fiscalización de la organización, Susana Zuazo, que expresa su preocupación por los altos índices de muertes de mujeres a causa del cáncer. Dice que, en el Hospital de Clínicas de La Paz, los decesos se producen en jóvenes de entre 20 y 45 años que dejan hijos y no sabe “dónde van a parar”.

La Agencia de Noticias Fides (ANF) intentó sin éxito tener una entrevista con la responsable del Programa de Lucha Contra el Cáncer, Reyna Copana, para conocer sobre los registros de la cantidad de huérfanos y la situación del cáncer en Bolivia.