Ajustes en la estrategia

«Para acabar con el autoritarismo en el país hay que acabar con la herramienta utilizada para este fin, que no está en el gobierno sino en la justicia»

Por: Eric Cícero Landívar Mosiño, C.I. 4175988 BE. El autor es Abogado y Politólogo

Sin duda alguna el MAS es un mal gobierno. Pero negar que entorno a este partido político sus afines han logrado construir un importante instrumento de reproducción del poder y una maquinaria electoral efectiva, sería cometer un error básico al momento de plantear una estrategia: subestimar al adversario.

Desde hace tiempo se viene esperando que la polarización y la confrontación termine desgastando al partido de gobierno; pero luego de varios años y con la renovación forzada de la figura de Evo Morales, el MAS mantiene las mismas estrategias que utilizó desde su primera gestión, que hasta el momento les han funcionado favorablemente. Entre ellas, precisamente, la de llevar la discusión política hacia los extremos y alimentar la conflictividad social.

Por otro lado, cada organización política que ha desfilado por la oposición durante este tiempo ha repetido también la misma estrategia: confrontar con el MAS para fidelizar el electorado anti masista. Pero esta estrategia alcanza y es efectiva para mantenerse en la oposición. Por ese motivo es coherente pensar que el MAS alienta la competencia centrífuga porque le ha resultado beneficiosa y por ello busca sostener de cualquier modo el clima social de división y confrontación. Exacerba los ánimos de actores radicales que les ayudan (consciente o inconscientemente) a validar su discurso de lucha contra posiciones clasistas, racistas y/o regionalistas, fortaleciendo así su voto duro.

Basta mirar en retrospectiva (sin contar el año del gobierno transitorio) para darse cuenta de que desde el 2006 el partido oficialista sigue siendo el mismo y en cambio la oposición ha saltado de un proyecto político a otro. Empezando por PODEMOS de Tuto Quiroga, Convergencia Nacional de Manfred Reyes Villa, Unidad Demócrata (alianza entre Unidad Nacional y Demócratas) y ahora Comunidad Ciudadana y en menor medida Creemos.

En algún momento fue muy evidente y fácilmente se identificaban conflictos utilizados como cortinas de humo y medidas distractoras para centrar la mirada de la ciudadanía sobre un tema en particular y pasar por alto otros temas. García Linera incluso se ufanaba llamando “estrategias envolventes” a las trampas cometidas. Pero pese a estas experiencias, se siguen cometiendo los mismos errores discutiendo por una bandera, una ley, un abuso, etc.; los cuales al final resultan ser temas instalados por el MAS que continúa manejando la agenda de la coyuntura política a su antojo.

Entonces, ¿qué hacer? ¿se debe simplemente callar ante los abusos del MAS? Por supuesto que no, pero se deben reconducir los esfuerzos y redireccionar la mirada hacia donde el MAS no quiere que se mire. Si realmente se quiere frenar los abusos del MAS es necesario ajustar la estrategia y dejar de pelear por la coyuntura (impuesta por el MAS) y empezar a luchar por temas estructurales (propuestos por la ciudadanía), como ser la reforma judicial.

Para acabar con el autoritarismo en el país hay que acabar con la herramienta utilizada para este fin, que no está en el gobierno sino en la justicia.

Es de conocimiento público que la debilidad institucional del órgano judicial y la paupérrima situación de la justicia es bien aprovechada (y provocada) por el MAS para cometer sus abusos de poder. El supuesto deseo para reformar la justicia son simples pantomimas que en los hechos no avanzan ni avanzarán. A lo mucho se realizarán ajustes superficiales para argumentar que algo se hizo. Pero el control político sobre la justicia es irrenunciable para cualquier proyecto totalitario.

Si la ciudadanía y la oposición asumen la reforma judicial como el tema entorno al cual hay que unirse, hacer protestas, marchas, paros cívicos, etc. se logrará quitarle al MAS su principal instrumento de opresión.

A la larga, esto podría llevar también a un equilibrio entre los extremos; provocando que la competencia centrífuga que hasta ahora beneficia solo al MAS, cambie hacia una tendencia centrípeta, favorable para la democracia.